¿Tus dientes son sensibles al frío o al calor?

Si la respuesta a la pregunta que planteamos en el titular de este artículo es afirmativa, lo más probable es que padezcas sensibilidad dental. Esta sensibilidad dentinaria afecta a las piezas dentales que tienen expuesta la dentina (zona interna del diente) por diversas causas o motivos. Generalmente se trata de un dolor intenso, localizado y transitorio, que aparece tras la ingesta de determinados alimentos, como bebidas frías, calientes, y ácidas, así como los dulces.

Esta patología dental afecta, sobre todo, a adultos y cuenta con una elevada prevalencia. No obstante, cada vez son más los jóvenes que sufren de sensibilidad dental. Los expertos apuntan que este aumento entre la población más joven puede deberse al abuso de bebidas carbonatadas.

Es fundamental controlar y tratar la hipersensibilidad dental, ya que su desarrollo puede ocasionar la aparición de otras enfermedades dentales bastante más agresivas, como las caries dentales, la periodontitis o la gingivitis. Por ello, la primera recomendación es que, si notas que tus dientes son sensibles al frío o al calor, acudas cuanto antes a la consulta dental para que el odontólogo pueda ofrecer un diagnóstico y un tratamiento fiable y seguro.

La forma en la que se origina la sensibilidad dental es sencilla. Esta patología aparece cuando la dentina no cuenta con su protección natural. Los túbulos dentinarios son los encargados de enviar las señales externas a las transmisiones nerviosas. Por ello, si existe desgaste en el esmalte dental o en la encía, estos túbulos quedan expuestos, permitiendo que cualquier estímulo llegue directo hasta las terminaciones nerviosas.

Causas de la sensibilidad dental

Son muchas las causas que están relacionadas con la aparición de sensibilidad dental. Por norma general se trata de hábitos que podrían variarse y evitar estas situaciones. Aunque también puede desencadenarse por algunas patologías sistémicas. Las casusas más comunes son:

  • Cepillado dental: recurrir a un incorrecto cepillado de los dientes, ejerciendo máxima presión o usando una pasta dental muy abrasiva, puede ser el origen de esta hipersensibilidad. Por otra parte, cepillar los dientes demasiadas veces también puede exponer la dentina.
  • Alimentación: el abuso de bebidas o alimentos ricos en ácidos son capaces de erosionar las piezas dentales, permitiendo la aparición de la sensibilidad en los dientes.
  • Enfermedades sistémicas: patologías como las relacionadas con el estómago o la bulimia, entre otras, pueden favorecer un entorno oral ácido. En estos casos la abrasión de los dientes ocasionaría la sensibilidad en los mismos.
  • Masticación: el bruxismo (rechinamiento involuntario de las piezas dentales) también puede ser el causante de esta sensibilidad, ya que al apretar los dientes con fuerza y de forma continuada, se desgastarán, dejando la dentina al descubierto.
  • Tratamientos odontológicos: algunos tratamientos dentales pueden provocar una retracción de las encías, dejando expuesta la dentina en algunas zonas de los dientes.

Diagnóstico y tratamiento de los dientes sensibles

Diagnosticar la sensibilidad dental es realmente sencillo. El dolor se identifica muy fácilmente, ya que responde a un estímulo claro (frío, calor, ácido, etc.). En el caso de que el dolor dental sea persistente, haya estímulo o no, se deberá a otra causa o patología dental.

En cuanto al tratamiento para la sensibilidad dental, lo más importante es apostar por la prevención. Es decir, seguir unos hábitos alimentarios saludables, en los que no se abuse de los alimentos ácidos. Además, la higiene dental debe de ser la más adecuada, dos o tres veces al día, recurriendo a una correcta técnica de cepillado y usando dentífricos poco abrasivos.

En el caso de que la sensibilidad dentinaria ya haya hecho su aparición, el odontólogo establecerá las pautas de un tratamiento oportuno. Habitualmente se recurre al uso de agentes desensibilizantes de uso ambulatorio. La composición de estos productos específicos es perfecta para que penetren hasta la pulpa dental, evitando que la transmisión nerviosa sufra ese dolor intenso.