Resistencia a los antibióticos: un grave problema global

En la actualidad estamos siendo testigos de un problema de salud grave a nivel mundial. Se trata de la creciente resistencia a los antibióticos. Estos fármacos se usan para tratar enfermedades de origen infeccioso y bacteriano. Pero el mal uso de los mismos está creando mutaciones de bacterias muy difíciles de erradicar. Esto está causando cerca de 700.000 muertes cada año en el mundo. Lo más grave de todo es que esta cifra aumenta considerablemente.

En los años sesenta se creó el último gran grupo de antibióticos nuevos, que eran perfectos para combatir bacterias. Pero desde entonces no han vuelto a salir a la luz nuevos fármacos que trabajen en este sentido. Esto, unido al incorrecto uso de los fármacos, ha posibilitado que las bacterias se hayan convertido en resistentes a los mismos. De hecho, ya hay algunas enfermedades infecciosas que se han vuelto potencialmente mortales de nuevo, debido a la resistencia que estos fármacos están ocasionando.

Teniendo en cuenta que las bacterias son capaces de mutar y reproducirse de forma rápida, es fácil comprender esa resistencia que se está generando a nivel global.

El uso de los antibióticos en la actualidad

Algo muy importante que hace que este problema crezca considerablemente es que las empresas farmacéuticas venden cerca del 70 % de los antibióticos que fabrican a empresas agrícolas. Se usan para que los animales de granja crezcan con rapidez. Además, están presentes en las comunidades bacterianas que hay en el suelo o en el agua. Obviamente, esto hace que las bacterias ganen resistencia frente a los fármacos, debido a que son capaces de mutar con rapidez para no morir.

El 30 % restante de los antibióticos que se venden en el mundo va a parar al tratamiento de enfermedades en humanos. Pero esto también supone un problema, porque no existe una regulación clara sobre el uso de estos fármacos.

El abuso de los medicamentos de este tipo es creciente y, en ocasiones, los médicos los recetan en grandes dosis, cuando el tratamiento podría ser otro, mucho más suave. Además, cabe destacar que las comunidades científicas internacionales (de los diferentes países) tienen regulaciones muy diversas en este sentido. Por ejemplo, existen antibióticos de amplio espectro que están prohibidos en algunos países y en España se venden sin receta.

Obviamente, un antibiótico debe de estar siempre recetado por un médico, pero cabe la posibilidad de que el compuesto principal del medicamento esté presente en otros fármacos para tratar problemas convencionales como el dolor de garganta o la tos. Suelen aparecer en dosis muy pequeñas, que con el uso continuado crearán una resistencia a los mismos, evitando que su correcto uso cumpla su misión en el futuro.

Medidas generales para el uso de los medicamentos

Lo más importante es acabar con el mal uso de los antibióticos, evitando el abuso que se está llevando a cabo en la actualidad. Para ello, es esencial que los gobiernos prohíban el uso de estos medicamentos con fines agrícolas. Además, es necesario que se creen regulaciones a nivel global para atajar el problema de la resistencia de estos fármacos en humanos.

A nivel personal, es importante que se preste atención a las medidas que cada gobierno plantea a la población para evitar que los medicamentos afecten negativamente.

Un antibiótico nada tiene que hacer en infecciones víricas o respiratorias. Su función solo es óptima para tratar bacterias. Por ello, no sirve de nada medicarse con estos fármacos cuando el problema es un virus. Desde las organizaciones de la salud se propone que se sigan a rajatabla las instrucciones de los médicos en cuanto al uso de estos medicamentos y que se tiren los que sobren tras el tratamiento. De esta forma, se evitará volver a tomarlos o automedicarse cuando el paciente piense que podrían ayudarle a tratar sus síntomas nuevos.