Las consecuencias de una mala alimentación

En un editorial publicado por la prestigiosa revista “British Journal of Sports Medicine” han acabado de un plumazo con todas las creencias populares sobre los factores principales que provocan la obesidad. Esta patología ha crecido sobre manera en los últimos años, convirtiéndose en una preocupante pandemia a nivel mundial. Los autores del artículo achacan los problemas de obesidad a la mala alimentación de la población y aseguran que nada tienen que ver con el sedentarismo o la poca práctica de ejercicio físico.

Concretamente el consumo constante de carbohidratos y el exceso de azúcar en la dieta son las principales causas del aumento de la obesidad. Comentan en el artículo, que practicar ejercicio físico de forma regular puede ayudar a prevenir ciertas enfermedades importantes, como la demencia, las enfermedades del corazón o la diabetes, pero achacan completamente a las dietas hipercalóricas de hoy en día los problemas de obesidad.

Cómo afecta la mala alimentación en nuestra sociedad

Los autores de este revelador artículo hacen referencia a pruebas tangibles. Concretamente comentan que en 30 años, la obesidad ha incrementado muchísimo y, en ese tiempo, la actividad física, de la población general, apenas ha sufrido variaciones, permaneciendo durante todo este periodo en similares niveles. Por lo tanto, señalan directamente a los malos hábitos de alimentación como causantes de la obesidad.  Aunque también alertan de que este problema sólo es una de las muchas consecuencias que conlleva una alimentación insana.

En este sentido, un informe publicado en “The Lancet” asegura que la mala alimentación provoca, en la actualidad, más patologías que la falta de actividad física, el tabaquismo y el alcohol juntos. Los autores del artículo achacan todo esto a la desinformación y el envío de mensajes inútiles sobre el “peso saludable” que se basa en contar las calorías de lo que se consume.

Mensajes ineficaces

Según el artículo al que hacemos referencia, los mensajes que se lanzan desde la industria alimentaria no son los idóneos para conseguir una alimentación sana. El problema radica en que se debería especificar claramente de dónde provienen las calorías, porque ahí está el quid de la cuestión. Esto es así porque las calorías no funcionan de la misma forma si provienen de distintos alimentos. Por ejemplo, las calorías de azúcar conllevan un almacenamiento de grasas y provocan más hambre. Sin embargo, las calorías de alimentos grasos sacian mucho más.

En un estudio publicado en “PLoS ONE” se hacía referencia a ciertas investigaciones que ponen de manifiesto que un aumento de calorías de azúcar provoca una prevalencia 11 veces mayor de diabetes tipo 2 que el mismo consumo de calorías grasas.

Por otra parte, si hablamos de carbohidratos debemos poner concretar que el cuerpo dispone de una capacidad concreta para almacenar este tipo de nutrientes. Hace un tiempo se pensaba que los deportistas que ejecutan ejercicios muy intensos los necesitaban para llevar a cabo su actividad. Pero, estudios actuales sugieren justamente la premisa contraria. Según los autores del artículo, los deportistas que llevan a cabo una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos disponen de tasas de oxidación de las grasas mucho más elevadas durante el deporte.

En conclusión, lo principal es que se cambien los mensajes sobre dietas saludables y se mejoren los entornos alimentarios, para que la población conozca las realidades sobre la alimentación saludable y se pueda prevenir la obesidad.