Injerto óseo para colocar implantes dentales

En muchas ocasiones, para que la colocación de implantes dentales tenga un éxito rotundo es necesario recurrir a ciertas técnicas de injerto óseo. De esta forma, los implantes permanecerán perfectamente fijados al maxilar correspondiente. Esto indica que para conseguir que la implantología dental disponga de los efectos deseados, es totalmente necesario que el paciente que se somete a este tipo de tratamientos cuente con la suficiente cantidad y calidad de hueso sano para llevarlos a cabo eficazmente.

En el caso de que el paciente no disponga de esta cantidad óptima de hueso alveolar, será necesario recurrir al injerto óseo antes de proceder a colocar el implante dental. El principal objetivo de este injerto es conseguir mayor cantidad ósea en la zona carente de hueso o mantener la cantidad de hueso existente en las mejores condiciones.

Injerto óseo para una adecuada fijación del implante

Mediante el injerto óseo se consigue establecer una altura y anchura correcta de los huesos de la zona maxilar para poder proceder a realizar un tratamiento de implantología mucho más efectivo y con mayores posibilidades de éxito. Hay que tener en cuenta que no siempre es necesario recurrir al injerto óseo. Esto variará en función de las características específicas del paciente y de las necesidades propias de cada uno que valorará, de la mejor manera, el profesional experto en implantología dental.

El injerto óseo está indicado especialmente para mantener una dimensión ósea correcta de la cresta alveolar tras la extracción de una pieza dental. Esto se hace sobre todo cuando se va a colocar implantes dentales de carga inmediata y se requiere disponer de las mejores condiciones óseas para que el éxito de la implantología sea mucho mayor. Tras el injerto, la regeneración ósea guiada va creando un hueso sano poco a poco.

Injerto óseo post extracción

Este tipo de injertos se colocan sin que el paciente haya sufrido una pérdida de hueso alrededor de la pieza dental. Es decir, se consigue conservar la cresta alveolar después de extraer un diente y, además, se rellenan los posibles defectos óseos existentes. En el caso de que tras la extracción dental no se coloque injerto y se espere a que la zona se cure y regenere de forma natural, lo más probable es que la anchura y altura ósea mermen considerablemente, a causa de la remodelación del hueso alveolar. Lo que produce el injerto óseo, es una correcta estabilización de la zona.

Elevación del seno maxilar superior

En esta otra situación a la que es posible enfrentarse para colocar implantes dentales, el paciente ya ha sufrido la pérdida de hueso. Esto indica que no hay hueso suficiente para colocar los nuevos dientes y es necesario establecer una regeneración ósea para tener un lugar y un soporte óptimo en el que colocar los implantes. A través de la elevación del seno maxilar superior es posible incrementar la cantidad ósea para poner el implante, otorgando gran estabilidad.

Injerto óseo y miedo al dentista

Es muy frecuente que los pacientes a los que se les comunica que requieren de un injerto óseo para poder sacar mayor partido a la implantología dental y garantizar el éxito de la misma, se asusten y comiencen a sufrir miedos frente a la intervención. En primer lugar, hay que dejar claro que estas técnicas se convierten en rutinarias gracias a la cantidad de avances que existen en la actualidad. Está claro que los pacientes que se someten a estos tratamientos, acusan inflamación tras la intervención, pero este problema se controla con facilidad a través de la medicación pertinente.

Lo fundamental es acudir a clínicas dentales en las que trabajen los mejores profesionales y expertos en implantología dental. Además, los pacientes deben asegurarse de que los materiales con los que se trabaja son de primera calidad. Esto garantizará un éxito mucho mayor.

En el caso de que los pacientes dispongan de demasiado nerviosismo o miedo al dentista en el momento en que van a someterse a una intervención de este estilo, deben ponerlo en conocimiento del odontólogo para que este establezca las opciones de que dispone el paciente. Entre ellas está la posible sedación consciente, para que la relajación durante la intervención sea la adecuada.