¿Cómo afecta chuparse el dedo a la salud dental?

Chuparse el dedo es un hábito bastante común en los bebés. Casi se podría decir que es algo totalmente normal en edades inferiores a los dos años de vida. El problema de este tipo de hábitos viene cuando esta acción se prolonga en el tiempo y los niños no son capaces de eliminarla.

La realidad es que los pequeños suelen eliminar el hábito de chuparse el dedo entre los dos y los cuatro años de edad. Si esto se prolonga en el tiempo, habrá que recurrir al dentista pediátrico para evaluar los daños que puede estar provocando en la dentadura infantil. Es fundamental tener en cuenta que además de problemas dentales, mantener el hábito durante largos periodos de tiempo, puede ocasionar problemas de salud en general.

Problemas derivados de chuparse el dedo

Chuparse el dedo de forma continuada puede provocar un incorrecto desarrollo de la oclusión dental. Además, es muy probable que se genere un alineamiento de las piezas dentales incorrecto. Todo esto puede derivar en problemas de pronunciación que tendrán que ser tratados mediante logopedia.

Además de afectar al desarrollo óptimo de la dentadura, estos hábitos infantiles pueden derivar en otras consecuencias para la salud infantil. Es posible que el desarrollo de los dedos no sea el adecuado, pero también se sufre un riesgo alto a padecer algún tipo de infección. Hay que tener en cuenta que los dedos de los bebés están en contacto continuo con bacterias y agentes contaminantes que al introducir en la boca pueden dañar el organismo llegando a causar infecciones, que tendrán que ser tratadas.

Eliminar el hábito

En primer lugar, tanto el odontopediatra como los padres tendrán que interpretar cual es la causa por la que el niño mantiene el hábito de chuparse el dedo. Por norma general son tres las causas más comunes.

– Para conseguir dormir

– Como técnica para tranquilizarse cuando están nerviosos.

– Un simple acto reflejo si se encuentra aburrido.

En el caso de que el niño ya sea mayor y pueda entender los problemas que se pueden derivar de su hábito maligno, lo ideal será que se le explique debidamente. De esta forma el pequeño podrá entender las consecuencias que pueden producirse por chuparse el dedo de forma continua.

Es posible que el niño no sea capaz de dejar este hábito y recurra a él en las situaciones detalladas anteriormente. En estos casos la intervención del dentista pediátrico es fundamental. El odontólogo tendrá que valorar periódicamente al menor para comprobar los daños o posibles reacciones que padecerá en el futuro debido al hábito de la succión digital. Es posible que el odontopediatra aconseje la colocación de ortodoncia temprana para solucionar los daños dentales. No obstante, será el profesional quien tras un estudio y seguimiento del caso podrá proponer los tratamientos óptimos, más adecuados para cada niño en particular.