“Candy Project”: las chucherías desde el punto de vista social

El chef Andoni Aduriz ha iniciado un proyecto a través del que pretende promulgar que las chucherías son una herramienta de socialización. Las entiende así porque están presentes en cualquier parte del mundo, obviamente con peculiaridades. El chef viaja por todo el planeta para descubrir nuevos sabores que incluir en su restaurante Mugaritz. De esta forma observó que si hay algo en común en todo el mundo esas son las chucherías.

Su proyecto no pretende hablar de la obesidad o los problemas de caries infantil derivados del consumo abusivo de estos dulces. Que por otra parte, los hay y son cada vez más preocupantes. Si no del papel cultural de las chucherías en la población. Para desarrollar todo su proyecto ha buscado la base científica, contando con profesionales de diversos ámbitos, como la sociología.

Las chucherías no siempre son dulces

La primera conclusión a la que llegan en “Candy Project” es que no todas las chucherías que se consumen en el mundo son dulces y de colores. Y tampoco son fabricadas de forma industrial. De hecho hablan de que se suelen relacionar con la cultura gastronómica que impera en cada lugar. En este sentido, en México las “chuches” son ácidas y picantes y en Japón son pequeñas piezas muy sofisticadas. Además, los insectos son la base de las chucherías en un buen número de países asiáticos.

El sociólogo Iñaki Martínez Albéniz, que participa en el proyecto, cuenta que si se realiza una observación de este tipo de dulces desde un prisma nutricional, lo más lógico es evitar su recomendación. Sobre todo cuando se trata de chucherías industriales. Esto ocurre por su elevado contenido en azúcares añadidos, que no son nada recomendables para los niños. No obstante, Albéniz explica que el proyecto lo que busca es valorar la dimensión sociológica y global de las chucherías. Para ello las han analizado como vehículo de sociabilización. En este sentido, explican que los caramelos son, quizás, el primer contacto de los niños con el dinero, por lo que las chucherías pueden convertirse en una herramienta fabulosa para educarles en este sentido y que aprendan a gestionar su capital.

Al final, “Candy Project” pretende demostrar que la alimentación es algo global que se proyecta en diferentes dimensiones. Uno de los puntos del proyecto hace referencia a que estos dulces, tradicionalmente, han servido como premio o castigo para los niños. No obstante, Aduriz indica que cualquier alimento salado podría servir también como premio si se educa al niño en ese sentido.

Obviamente, también contemplan a gran escala el valor nutricional y los peligros de las chucherías. Para ello explican que no es lo mismo un contexto de consumo de dulces u otro. Según “Candy Project” consumir chucherías como elemento de socialización no debería de ser negativo, ya que se trata de una ingesta esporádica. El problema viene cuando se convierte en un abuso para controlar la ansiedad. Está claro que el consumo de azúcares añadidos de forma compulsiva es muy negativo para personas de cualquier edad. Pero en el caso de los niños, esto lo único que hará es aumentar las, ya de por sí, elevadas cifras de obesidad infantil.